En el ‘argot’ informático probablemente no exista término más bastardeado que este: ERP y es que afirmar que tu soft es ‘un’ ERP indudablemente te da prestigio y reconocimiento, como a las personas ser alto/a (odio el lenguaje inclusivo, aunque sea políticamente incorrecto), inteligente (aquí se me hizo fácil), amable (también), elegante (ídem), etc.
Si en cualquier buscador ponemos ‘ERP’ aparecen más de 200 millones de enlaces… Por cierto los de las primeras páginas son publicidades pagas, de modo que eso tampoco ayuda mucho. Si estamos buscando un software que realice (o con la vara más baja al menos facilite) la gestión de mi negocio, la búsqueda fracasa por sobre-oferta. Y por no contar con elementos de juicio para reconocer, en el ‘supermercado informático’ dónde está lo que realmente necesitamos.
Con la autoridad de más de 3 décadas diseñando, desarrollando e implementando sistemas de tipo ERP, propios y de terceros, podríamos comenzar definiendo un software ERP como Sistema de Planificación de Recursos Empresariales (Wikipedia dixit), aun cuando tal definición que adolece de dos defectillos: 1) le falta la palabreja ‘TODOS’ y 2) en lugar de planificación debería decir ‘gestión’, ‘administración’ o al menos ‘planificación y control’.
De modo que ERP debería ser un acrónimo por ‘software de gestión de todos los recursos empresariales’ con lo que el 95% de los así autodenominados se caen del mapa (o de mi definición, al menos).
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Queda por enumerar (y me sentiré honrado si lo utilizan como check-list), cuáles son los ‘recursos empresariales’ que debería gestionar un software digno de portar el honroso título de ERP:
- La facturación, cobranza, cuentas corrientes (lo hacen todos)
- Las compras, pagos, cuentas por pagar (también)
- La tesorería y contabilidad general (idem)
- La gestión de stocks e inventarios (casi todos lo hacen)
- Las políticas de consumo: FIFO, FEFO, alertas de vencimiento (verificar)
- El planeamiento económico – financiero (bastantes)
- La gestión impositiva automatizada (mejor que lo demuestren)
- La gestión de la producción (ya van quedando menos candidatos)
- El planeamiento MRP I y II (estamos menos amontonados)
- La secuenciación de la carga de máquinas (quedamos poquitos)
- La gestión documentaria (quedan solo unos pocos exquisitos)
- La gestión de la calidad (casi ninguno)
- El análisis de costos y la presupuestación de productos (… esteee …)
- El sub-sistema CRM de relacionamiento con los clientes (unos cuantos)
- La gestión del mantenimiento industrial (no me dejen solo !)
A los que – en mi opinión – se deberían agregar las herramientas mínimas configuración y control:
- Generador de reportes y consultas (auto-administrable)
- Alertas configurables (por ti mismo)
- Auditoría de transacciones (quién hizo qué, cuándo y con qué resultado)
- Gestor de derechos de usuarios.
- Herramientas sencillas de export / import de datos
Y los verticales específicos de cada rama de actividad, donde solo podemos ejemplificar: en industria Pharma, p.ej:
- Ajuste de potencia primario y secundario
- Picking según políticas de stock FEFO
- Gestión de depósito caótico (que no es desordenado, precisamente)
- Cuarentena, muestreo, trazabilidad
Y la lista sigue, y ahora ¿Cuántos quedan merecedores del ‘título’ ERP?
Por cierto los vendedores de soft son especialistas en levantar objeciones. Y la muletilla – casi un standard del gremio – suele ser ‘lo podemos configurar’. Lo cual ni siquiera es una mentira (blanca, negra, verde o del color que guste) solo sugiero que se aclaren plazos y costos, difícilmente la ‘configuración’ de un módulo complementario (el argot dice ‘add on’) con su correspondiente relevamiento, diseño, desarrollo, versión beta, testing de laboratorio, testing de campo. ajuste y liberación demande menos de 2 añitos.
Entonces, cuando evalúes la opción de cambiar tu viejo software de gestión por un ERP… ¡asegúrate de que realmente lo sea!
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