«Esfuerzos coordinados de todos los actores para favorecer los emprendimientos, los cuales a su vez generarán innovación y fortalecerá la economía.»
Como sociedades latinoamericanas aún tenemos la asignatura pendiente de poner a los emprendedores en el lugar donde merecen. Si revisamos los números, la Global Entrepreneurship Network en sus recientes reportes nos dice que la tasa emprendedora en la región ronda el 27% en promedio, con picos de hasta el 35% en países como Chile. A lo largo y ancho de Latinoamérica encontramos emprendedores y aspirantes, luchando por materializar oportunidades, seguir sus sueños o emprender como un mecanismo de supervivencia.
Cómo estudioso de la actividad, uno de los primeros puntos que recibimos en la formación es identificar la conexión entre las propuestas para fomentar el emprendedorismo. Al contrastar a los ecosistemas más avanzados del mundo con los nuestros es clara la diferencia, fundamentada en la coordinación de esfuerzos. Ecosistema es una palabra que suena muy bien, y se la ha adoptado para representar justamente esta interrelación de distintos actores que harían que emprender sea viable. Pero,
¿Realmente estamos generando un “sistema” que ayude a los emprendedores?
En la región, 90% del tejido empresarial está compuestos por MiPyMEs. Son, sin duda, piezas claves en nuestras economías donde suponen cerca del 28% del PBI. Muchas de ellas con un potencial significativo para crecer y convertirse en las grandes empresas del mañana.
A pesar de esto, estas empresas que generan valor y empleo en nuestras sociedades aún están en un segundo plano. Donde se pondera más la opinión de aquellas pocas grandes empresas, por sobre el joven nuevo emprendedor que quiere arriesgar su capital para emprender e innovar, y continuar esta dinámica de evolución de nuestras sociedades. Sin embargo, en un darwinismo extremo, nuestras políticas parecen relegar a la actividad emprendedora dejando su suerte a un mero hecho de supervivencia en escenarios completamente hostiles.
El emprendedor aterriza en un desierto sin mapa ni herramientas de supervivencia a construir un negocio, donde 9 de cada 10 veces termina en el fracaso. Llega el momento de poner al emprendedor donde se debe, en un rol central en nuestra sociedad. Latinoamérica aún no decide su camino. Los esfuerzos se hacen de forma espasmódica y fragmentada.
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Sabemos por la naturaleza la complejidad que rige a los ecosistemas, donde un pequeño des-balance puede implicar la supervivencia o extinción de una especie. Muchos apelan en los emprendedores a la virtud de la resiliencia para sobrevivir. La virtud que crece frente a las adversidades que deben atravesar hoy. ¿Debe ser así?
¿Para comenzar un emprendimiento hay que ser necesariamente un héroe?
Latinoamérica está despertando, con propuestas que intentan poner a los emprendedores en el centro de la escena. El siguiente paso será construir verdaderos ecosistemas, que no apelen a la suerte para tener éxito. Esfuerzos coordinados de todos los actores para favorecer los emprendimientos, los cuales a su vez generarán innovación y fortalecerá la economía.
Con el avance de la tecnología está cada vez más clara la accesibilidad a herramientas y técnicas que permiten hacerlo correctamente. Es evidente la clara oportunidad que tenemos de poner a la región a la altura de otras. Sólo resta ejecutar las estrategias y generar los consensos para hacerlo. Contamos con un grandioso talento humano, con personas que quieren emprender pero hoy hacerlo parece una proeza. Que haya sido hasta ahora así no quiere decir que esté bien. No quiere decir que no debamos cuestionar las cosas tal como son.
Aquí, querido lector, le hago una invitación a sumar desde su lugar su grano de arena para colaborar con aquellos que vienen detrás de nosotros. Lo invito a comenzar a preguntarse qué valor le puede aportar usted a otro que quiere comenzar su emprendimiento.
Con el inicio de la pandemia del covid-19 podremos decir que ya estamos en un mundo nuevo, muy distinto al anterior. La re-activación o evolución de nuestras economías van a necesitar un nuevo impulso. ¿Por qué no utilizar esta oportunidad para re-formular las bases de nuestros llamados “ecosistemas emprendedores”? Será una muy buena oportunidad para transformarnos en naciones emprendedoras.
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