El número de personas ocupadas en Colombia según la Gran Encuesta Integrada de Hogares realizada por el DANE para el trimestre que va entre noviembre de 2018 y enero de 2019 era de 23.4 millones de personas. De este número 9.8 millones eran trabajadores por cuenta propia y 8.6 empleados dependientes. Los restantes 4.0 millones se distribuían entre empleados públicos, jornaleros, trabajadores sin remuneración y empleadores.
La evolución del empleo dependiente, que algunos analistas del mercado laboral asimilan con la definición de empleo formal ha sido favorable, aunque lenta en los últimos 18 años como lo evidencia la Gráfica 1. Allí se observa que la proporción de este tipo de empleo creció desde un 32% de los ocupados en 2001 a un 39% en la actualidad. Esto significó la creación de cerca de 3.5 millones de empleos en este periodo. Empleos nuevos que se han concentrado en los sectores de comercio, hoteles y restaurantes, actividades inmobiliarias, empresariales, así como en los servicios comunales, sociales y personales.
Por su parte el empleo por cuenta propia muestra un comportamiento que se puede dividir en dos etapas distintas para el periodo analizado. Una primera que evidencia un descenso significativo del empleo independiente entre el año 2001 y el año 2008 con una caída cercana al 6.0%. Luego del 2008 se videncia un alza abrupta en la participación de la población independiente hasta alcanzar un 44% de la población ocupada en el país para el año 2010 para situarse en un rango que va entre el 42% y 44% de los ocupados desde entonces.
Explicar la persistencia de la elevada participación del empleo independiente después del año 2010 supone un reto, ya que desde este año y hasta el año 2015, el país disfrutó de unas tasas de crecimiento relativamente altas para lo que ha sido la evolución de largo plazo del crecimiento en el país. Una de estas explicaciones podría ser la relacionada con los incentivos que existen para quedarse en la informalidad y que tienen que ver con la menor exigencia de cargas tributarias, laborales y de seguridad social que tienen este tipo de empleos.
“La evolución positiva del empleo formal en el presente siglo se ha traducido en la ampliación de las coberturas de la seguridad social de salud y pensiones.”
La otra explicación, un poco más simple pero igualmente válida tiene que ver con la recomposición del empleo por tipo de ocupación. De la gráfica 2 se evidencia que la participación del empleo público y de las personas que trabajan sin una remuneración monetaria en empresas que no son propias, ha caído algo más de un 7.0% en el periodo de estudio, lo que en términos absolutos significa la destrucción de 670 mil empleos de este tipo.
Estas cifras evidencian que la nómina de empleados oficiales con contrato de trabajo ha caído en el tiempo, al mismo tiempo que se ha creado otro tipo de empleo público independiente a través de la contratación por prestación de servicios. Así mismo pareciera ser un hecho positivo la destrucción de empleo no remunerado monetariamente, que es propio de mercados laborales precarios y la creación al mismo tiempo de empleo independiente.
Crecimiento económico y empleo formal
El crecimiento de la economía y la proporción del empleo formal en el total de empleados deberían ser variables con una correlación positiva. La teoría sugiere que durante periodos de expansión económica el empleo crece y en periodos de desaceleración o recesión el empleo se destruye, tal como lo sugieren teóricos como (Artur Okun 1962). En países como Colombia donde los mercados laborales se caracterizan por una elevada informalidad, economistas como Hugo López del Banco de la República han señalado una relación positiva entre el empleo formal y el crecimiento económico.
La gráfica 3 describe esta relación para Colombia en los últimos 12 años. El análisis de esta parece sugerir que el empleo formal creció acompasadamente con el PIB entre los años 2006 y 2009. Desde 2010 parece evidenciarse un desacoplamiento entre las dos series. Por ejemplo, en los años 2010 y 2014 que el PIB creció de manera importante el empleo formal apenas lo hizo. En los años posteriores a 2014 ocurrió lo contrario, con una economía en fase contractiva apenas se resintió el empleo formal.
La debilidad en la relación entre el PIB y el empleo en lo que va de la década, pareciera ser un mensaje para los encargados de la política económica, en el sentido de que deberían tomar medidas adicionales a la gestión de la política fiscal y monetaria para enfrentar esta ausencia de coordinación que puede resultar virtuosa en momentos de desaceleración pero que en periodos de crecimiento podría ser costosa en términos económicos y sociales.
Empleo formal y Seguridad Social
La evolución positiva del empleo formal en el presente siglo se ha traducido en la ampliación de las coberturas de la seguridad social de salud y pensiones como se aprecia en la figura 4. En pensiones, el porcentaje de personas cotizantes ha crecido un 6.0% y en salud la proporción de aportantes al régimen contributivo ha crecido un 4.0% entre 2007 y 2018. Esto representa un avance lento pero positivo en la protección de la población ante los riesgos de invalidez, vejez y muerte de la población y un avance en su conjunto para el país.
Conclusión
El crecimiento del empleo formal ha tenido un desempeño favorable pero modesto en los último 20 años en el país, lo que se ha traducido en avances en el sistema de protección social en el país y en un mayor bienestar de los trabajadores.
Durante la primera década del siglo, el crecimiento del empleo formal estuvo relacionado con el ciclo económico, pero desde entonces parece existir un desacoplamiento entre el crecimiento agregado de la economía y la creación de nuevos empleos. Este fenómeno es marcado después del año 2014, donde a pesar de crecer a ritmos muy bajos, la economía fue capaz de conservar los empleos formales, lo que es una buena señal de nuestro mercado laboral.
Sin embargo, de mantenerse esta relación para el futuro, esto significaría que el periodo de expansión que empieza a experimentar la economía colombiana no se traduciría en la creación de nuevos puestos de trabajo formal, lo que se traduce en un desafío de política económica que debería manifestarse en acciones por parte de los responsables de estas materias.
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