El año 2018 se caracterizó por una gran incertidumbre en materia política y económica, tanto a nivel global como regional. En el entorno global siguen siendo importantes fuentes de incertidumbre el panorama político internacional, influenciado por la aplicación de políticas proteccionistas y segregacionistas en Estados Unidos y Europa; el escalamiento de conflictos internacionales; el flagelo del terrorismo y el impacto del cambio climático. A nivel regional, la economía Latinoamericana ha presentado un débil desempeño, reflejando el impacto de la crisis monetaria y económica en Argentina, la incertidumbre política en Brasil y el recrudecimiento de la crisis social y política en Venezuela.
Colombia no ha estado alejada de esta coyuntura global y regional. A pesar de que gran parte de la incertidumbre política que se cernía sobre la escena nacional a comienzos del año, fue disipada tras las elecciones presidenciales y parlamentarias, aún persisten algunos focos de inquietud que vienen por cuenta del efecto que pueda causar la nueva ley de financiamiento sobre la confianza de los consumidores, el gasto de los hogares y la inversión privada y cómo esto impactará en el crecimiento económico.
Más que a circunstancias aisladas, la situación actual responde a una profunda transformación global, donde la sociedad moderna demanda un replanteamiento de las bases que la componen en todos los ámbitos, con criterios de pluralismo, equidad, libertad y respeto por el medio ambiente, y fuertemente influenciado por la transformación tecnológica. Es en este punto, ahora más que nunca, donde se hace necesario replantear la manera en la que estamos optimizando el bienestar humano.
“La tasa de mortalidad laboral presenta una reducción del 32%, equivalente a 105 eventos mortales menos que los observados en el 2012”
En este sentido, el ámbito laboral adquiere una especial importancia, ya que allí es donde encontramos la posibilidad de potenciar el desarrollo de las dimensiones humanas, desde un tema de subsistencia y protección hasta temas como autorrealización, reconocimiento, participación y la configuración de la propia identidad individual.
Al respecto, Colombia ha presentado avances importantes en materia de protección laboral y es importante hacer un análisis de los resultados de la labor que tenemos las ARL como actores del Sistema General de Riesgos Laborales (SGRL) en el país. El 2018 ha sido un año de consolidación de resultados positivos en este aspecto, donde el crecimiento de trabajadores afiliados al SGRL ha sido del 24% en los últimos 6 años, ubicándose en cerca de 10.5 millones de personas con cobertura a riesgos laborales. Destaca también el hecho de que las tasas de accidentalidad y de enfermedad laboral han presentado reducciones del 21% y el 16% respectivamente durante este mismo periodo. Es aún más alentador observar cómo cada vez menos personas pierden su vida por eventos asociados al trabajo: la tasa de mortalidad laboral presenta una reducción del 32%, equivalente a 105 eventos mortales menos que los observados en el 2012.
El 2018 definitivamente invita a hacer un alto en el camino y poner los ojos en el futuro, a observar detenidamente el entorno para podernos adelantar y ser un sustento para que las diferentes industrias puedan potenciarse, a partir de estrategias orientadas a entregar cuidado, bienestar y competitividad.
Mientras nos ocupamos del día a día, debemos analizar las tendencias y visibilizar a los trabajadores como actores multidimensionales con nuevas preocupaciones y perspectivas. Debemos entender que el mundo del trabajo se transforma de manera acelerada y que nuestras estrategias deben propender por fomentar una dinamización y flexibilización de los sectores productivos que desarrolle en las personas unas habilidades de interacción social, de interacción emocional, de pensamiento crítico y de mayor creatividad.
Este es el momento de consolidar estrategias alrededor de la Seguridad y Salud en el trabajo para entregar y desarrollar capacidades básicas, internas y combinadas de nuestros trabajadores, que se traduzcan en generación de valor hacia afuera y hacia adentro de las empresas. Es el momento de repensar lo que hacemos y cómo lo hacemos.
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