Impactante pregunta para quienes vivimos inmersos en el apasionante mundo de la actividad financiera cooperativa.
La encontramos en Proverbios 22:7 “El rico domina a los pobres y el deudor es esclavo del acreedor”.
Enorme responsabilidad la que el Creador ha puesto en manos de quienes hacemos economía solidaria, a ver si somos capaces de humanizar lo que pareciera inhumanizable; la convergencia de quienes tienen algún superávit frente a quienes requieren de él con necesidad.
Proverbios 22:2 “Rico y pobre vienen a encontrarse, a los dos los ha hecho Yavé”.
El llamado bíblico a que unos y otros, ricos y pobres, hijos del mismo padre actúen como tales, como hermanos. Suena imposible o por lo menos utópico en el mundo actual globalizado, en la era de la tecnología en la que la riqueza está en manos de quienes tienen la información y el conocimiento para traducirla en dinero y ostentar el poder.
Si bien es cierto que el fin último de la actividad crediticia es generar riqueza al acreedor, la perversidad del propósito estaría en abusar de la urgencia del deudor, quien en posición de indefensión acude ante un implacable acreedor que en posición dominante abuse de tal condición.
“Los doctores de la ley fijan las tasas de usura, la gran diferencia en la Cooperativa es que la destinación de las utilidades derivadas de esta actividad llamados excedentes, se revierten o redistribuyen en el colectivo humano que las generó”
Ahora bien, si el acreedor es un colectivo o agrupación de ahorradores/deudores quienes se han juntado para “humanizar” esta actividad financiera, y los intereses cobrados, réditos o riqueza acumulada se pusiese al servicio de este mismo colectivo redistribuyéndola entre ellos mismos bien sea en dinero, especie o servicios… allí hay economía solidaria y el instrumento para lograrlo se llama “Cooperativa”.
Éxodo 22:25 “Si prestáis dinero a mi pueblo, a los pobres entre vosotros, no serás usurero con él, no le cobrarás interés”
Desafío interesante para el sacerdote que llegare a tener en el confesionario, de rodillas, a quienes por años han esclavizado al pueblo a punta de intereses llenando sus arcas personales, incluso llevándoselas para el extranjero. ¿Tendrían absolución? ¿Cuál sería la penitencia?
Seguramente el confesor escucharía un atenuante: “pero yo presto a tasa de usura menos una centésima”; este le replicaría: hijo mío imagino que te refieres a la tasa de usura de microcrédito que por estos días anda en el 55.10%.
¡Al César lo que es del César!
Los doctores de la ley fijan las tasas de usura, la gran diferencia en la Cooperativa es que la destinación de las utilidades derivadas de esta actividad llamados excedentes, se revierten o redistribuyen en el colectivo humano que las generó.
Y que tal cooperativizar no solo la actividad financiera, sino las demás actividades socioeconómicas de un país…
¡El reto es alcanzable! Difícil tarea y más en la actividad financiera tan altamente concentrada en nuestro país, no hay indicador de Gini que aguante frente a tanta desigualdad.
Las asimetrías entre las entidades de economía tradicional y las Cooperativas con actividad financiera, son tan grandes como la voluntad política del gobierno de apoyar a las primeras y descuidar a las segundas aún en contra de los mandatos constitucionales que así lo obligan.
La invitación es a dirigir las miradas, pero también las actuaciones contundentes en torno a fortalecer la economía solidaria y al cooperativismo como posibilidades certeras de un verdadero cambio en nuestra sociedad actual.
“El que tenga oídos que oiga”, esta y las demás citas bíblicas que han de leerse sin fanatismos ni interpretaciones fundamentalistas pueden acercarnos al noble propósito de “humanizar” la actividad financiera que pareciera inhumana y esclavizante.
Deuteronomio 15:8 “Sino que le abrirás lentamente tu mano y con generosidad le prestarás lo que le haga falta para cubrir sus necesidades”.










