El mercado de criptomonedas en la región alcanzó los 162.100 millones de dólares en 2024 y se proyecta que llegará a los 442.600 millones para 2033, con una tasa de crecimiento anual del 10,93%, según datos de IMARC Group. Detrás de estas cifras hay algo más profundo que la especulación financiera, hay una respuesta pragmática de millones de personas a la exclusión, la inflación y la desconfianza en las instituciones.
En Colombia, cerca de 6 millones de ciudadanos utilizan actualmente criptomonedas o plataformas relacionadas, según la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico, posicionando al país entre los cinco mercados con mayor adopción cripto de la región; el Congreso colombiano avanza además en un marco regulatorio que busca dar seguridad jurídica a este ecosistema en plena expansión.
DeFi: las finanzas sin permiso
Las DeFi son quizás el cambio más silencioso y, a la vez, más disruptivo que atraviesa la región. Basadas en contratos inteligentes que automatizan operaciones sin bancos ni intermediarios, permiten a cualquier usuario con conexión a internet ahorrar, pedir crédito o transferir dinero en minutos. El valor total bloqueado en protocolos DeFi a nivel global alcanzó los 154.000 millones de dólares en 2025, según DefiLlama.
Para una región donde, según el Banco Mundial, una parte significativa de la población sigue sin acceso a una cuenta bancaria, esto no es un dato menor. La adopción de criptomonedas entre los consumidores digitalizados de Latinoamérica ya oscila entre el 15% y el 18%, según Americas Market Intelligence.
Lo que estamos viendo en Latinoamérica es una reconfiguración del contrato social con el dinero. DeFi y las criptomonedas no llegan a reemplazar al banco, llegan porque el banco nunca llegó. La narrativa ha cambiado y los medios empiezan a entenderlo: ya no es la noticia del Bitcoin que sube o baja, sino la historia de la señora latinoamericana que protege sus ahorros en USDT o del emprendedor que accede a crédito sin poner un pie en una sucursal.
Un nuevo mapa económico que los medios deben aprender a leer
La transformación más que ser sólo tecnológica es también de narrativa. Durante años, el ecosistema cripto fue tratado por la prensa como un fenómeno de alto riesgo, asociado a la volatilidad extrema o a escándalos como el colapso de FTX. Hoy, el discurso empieza a desplazarse hacia las historias de uso concreto: remesas más baratas, acceso a rendimientos en economías con tasas de ahorro negativas, o protección frente a la devaluación.
Algo relevante a destacar es que si bien todo parece ser eufórico, la volatilidad de los mercados cripto sigue siendo un riesgo, especialmente para usuarios con escasos márgenes de error. La brecha digital y la falta de educación financiera en tecnología representan barreras de entrada considerables. Los hacks a protocolos DeFi han generado pérdidas millonarias y la incertidumbre regulatoria genera fricciones en la adopción institucional. La promesa de la inclusión financiera descentralizada dependerá, en última instancia, de cuán accesibles y seguras sean estas herramientas para quienes más las necesitan.
La tokenización de activos, la integración de inteligencia artificial en los protocolos DeFi (lo que ya se denomina DeFAI), y la expansión de las stablecoins en monedas locales, se trabaja en versiones vinculadas al peso colombiano, el real brasileño y el peso mexicano, marcan las tendencias que definirán la próxima etapa de este escenario en Latinoamérica.










