Al reflexionar sobre el desarrollo del marketing y los negocios hasta la década de los 80, se puede afirmar que el entendimiento de la administración, la gestión gerencial y la toma de decisiones se centraron como diría Kahneman (1) en sesgos cognitivos predominantes como son los de confirmación, efecto halo, sesgo de Sunk Cost (Costo Irrecuperable), sesgo de recencia, sesgo de grupo, prejuicio de retrospectiva, entre muchos otros. Como todo sesgo estos lograban tranquilizar y dar la apariencia de racionalidad y objetividad, visión idealizada como adecuada y muy pertinente para la gerencia de las empresas en dicha década.
Este estilo de liderazgo profundizó la vocación de las organizaciones de planear y proyectar sus metas a partir de metodologías retrospectivas, cuyo enfoque de investigación se centra en el análisis y la interpretación de eventos o datos pasados.
Dicha cultura privilegió la utilización de sistemas de pensamiento lineal, circular (2) y reflexivo (3) en los que sobresale el entendimiento de una empresa funcional, producto del análisis de fenómenos como relaciones de causa-efecto.
Con el advenimiento en la década de los 90 de la cibernética, la psicología económica, las neurociencias, la multimedia, la sociedad multicultural, la comunicación omnicanal y las demandas multigeneracionales e inclusivas; las organizaciones y sus líderes adoptaron herramientas y metodologías que trascienden la visión causa-efecto promulgando una gestión sistémica que movilice una mente no simple, sino compleja, experiencias multisensoriales que superen modelos escalares de necesidades, mediante el uso de modelos multicausales de clusters análisis, y así posicionar y hacer sostenibles las marcas generadoras y constructoras de calidad de vida y bienestar.
En esta última década del 2020 con un contexto dinámico, cambiante y el desarrollo de la Inteligencia Artificial, la cultura empresarial asume el reto de crear valor, prosperidad y bienestar a través de la prospectiva del marketing, que al igual que la inteligencia emocional y la neuroeconomía declaran que la gran capacidad mental del ser humano no es solo actuar, sentir y razonar como base de la toma de decisiones, sino primordialmente anticiparse, predecir y como dice Rodolfo Llinas (4) visualizar, imaginar mundos nuevos posibles para solucionar y superar demandas de la sobrevivencia, y la adaptación a los diferentes ecosistemas de los que somos parte.
Por tales razones, se hace evidente que los nuevos líderes estimulen el surgimiento y consolidación en sus organizaciones de un pensamiento estratégico sistémico , multicausal e inferencial, donde metodologías aportadas por la prospectiva como son la Matriz Mic-Mac de análisis de tendencias y actores, la construcción de escenarios futuros, el Design Thinking, el uso de tecnologías emergentes, favoreciendo compartir la cultura de prospectiva de marketing, cuyo objetivo es mirar hacia el futuro, anticipar cambios y preparar estrategias que permitan a las empresas adaptarse y prosperar en un entorno de marketing en constante evolución.
Puesto que las empresas, los empresarios y sus equipos están viviendo y beneficiándose del mundo Phygital (6) y el desarrollo de la Inteligencia Artificial (7), es mandatorio que sus líderes promuevan y estimulen la plasticidad cerebral de sus integrantes, llevándolos a superar sesgos cognitivos, que estimulen la utilización de las inteligencias múltiples, consolidando la densidad atencional de la mentes que conectan, las memorias transactiva, procedimental, secuencial y ejecutiva, y así facilitar la creación permanente de mapas mentales que producen victorias tempranas, haciendo sentir ganadores a sus equipos, como base de una plasticidad empresarial ineludible que ante retos y desafíos nuevos, proponga soluciones pertinentes y relevantes al tiempo y al futuro de los ecosistemas con los que se convive y desarrolla.










